miércoles, 25 de junio de 2014

36. BOREDOM IS COUNTER-REVOLUTIONNARY, ALWAYS, de Roddy Hunter (Periferias 2002)

Boredom is counter-revolutionnary, always, de Roddy Hunter

(Periferias 2002. Territorio Performance. Centro Cultural del Matadero. Sábado 2 de noviembre. Entrada libre.)

Una lectura de la intervención

"El aburrimiento es contra-revolucionario", viene a decirnos el performer británico Roddy Hunter durante el comienzo y el fin de su intervención, mientras recorre frenética e inagotablemente al perímetro interior de la sala. En ella se hallan dispuestos varios objetos: una mesa en la que, sobre un mantel hecho de una tela blanca y otra negra, reposa un infiernillo en el que se calienta una cacerola transaparente llena de agua; dos larguísimos metros abiertos en el suelo, de los utilizados por topógrafos y trabajadores de la construcción; dos amplificadores de gran potencia al lado de los cuales penden sendros micrófonos que provocarán un hiriente acople nada más activar aquellos. Y eso es todo.
Al cabo de un cierto tiempo de su frenético deambular, el Sr.Hunter se acerca a uno de los extremos de la sala para apoderarse de las mesas en las que se había sentado parte de público. Este, exiliado primero de su cómoda situación, ordenada y limpia, debe repartirse por el escenario, pues Hunter utiliza las mesas para pergeñar una irregular construcción en el centro de la sala. Algunas de ellas basculan, otras necesitan un apoyo suplementario para conseguir el necesario equilibrio. Una vez completada esta extraña construcción, Hunter continúa su metódico deambular, al tiempo que se va despojando de su chaqueta y camisa, que deposita encima del irregular talabarte, así como las telas de encima de la mesa.
¿Es esta una alegoría del urbanismo inhumano, que desaloja a los ciudadanos en aras de la originalidad conceptual? ¿Es esta una metáfora del abandono de la vida humana de los centros de las grandes metrópolis occidentales, ávidas de signos distintivos que las particularicen? ¿Es una denuncia de las inhumanas condiciones de vida en esos centros, asolados por el ruido (ese maldito acople de los amplificadores, que aturde al espectador)? Es probable, ya que el performer se ha detenido tras la mesa donde ya hierve el agua sobre el infiernillo, ha recuperado su camisa de la que tan sólo ha pasado una de las mangas -dejando al decubierto una serie de vendas y esparadrapos sobre el torso desnudo, y, mientras introduce la manga vacía en el agua, lee las páginas del diccionario las palabras que comienzan por la letra "U", enfatizando en su declamación los términos "urbanismo" y "utopía".
El agua hierve, Hunter tan pronto introduce en la cacerola la manga como la punta de los dedos: lo crudo y lo cocido, lo humano y lo civilizado, naturaleza y cultura. Decubre su herido torso repleto de vendas, que va introduciendo una a una en el agua burbujeante: el sacrificio de las heridas en el altar de la cultura, en aras de la civilización: más vale olvidar al dolor inflijido y cedérselo a esa agua que todo baña, que todo limpia, que todo depura.
El performer abandona su curioso altar, se tiende en el suelo delante de la mesa, se tapa la cabeza alternativamente con la tela negra y la blanca, y posa el pequeño diccionario -ese conjunto de palabras con cuyo ensamblaje ordenado se construye la comunicación verbal- sobre su pecho: ceremonia, ritual, trascendencia de lo expuesto.
Tras este rito, Hunter se levanta y se hace con los dos largos metros extendidos en el suelo, que agita con ambos brazos a modo de látigos -un clásico de las performances, como revelaría el coordinador, Valentín Torrens-. El patrón de la medida humana que corta el aire, que peligrosamente lo sesga, que incluso provoca heridas en las manos. El metro de la civilización que, son su fundamento racional, pretende unificar la vida del Hombre, sometiéndola a su metódica dictadura.
La calma llega. El sacerdote de esta ceremonia de la confusión se deshace de sus aperos culturales. Vuelve a vestir su camisa y a recorrer nervioso la sala, esta vez mrmurando en claro español "lloro la muerte de Erak", que alterna con el título de su intervención, Boredom is counter-revolutionnary. Always. El espectáculo se acaba. Aplausos. 30 minutos de reflexión, de estrujamiento de meninges, de búsqueda de sentido a una acción visual. No vale aburrirse en este juego, ya que dejar de plantearse incógnitas y ámbitos de contestación significa la contra-revolución, el fin de la utopía. Siempre.



Para la segunda parte de la sesión estaba prevista la intervención del performer polaco Pawel Kwasniewski: la mala fortuna quiso que este señor tuviera que reposar sus excesos alcohólicos (Torrens dixit) en un hospital de Barcelona. Lo curioso fue que el público parecía saberlo, pues nadie esperó a que se produjera su actuación, aun a pesar de no haber sido advertido de su ausencia. ¿Huida despavorida?

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