miércoles, 25 de junio de 2014

22. BANDERAS SON ELIPSIS

La elipsis, figura retôrica, consiste en eludir precisamente aquello a lo que se alude. El paso de lo explîcito a lo implîcito. Parece que, en numerosas ocasiones, logramos significar mâs con lo que callamos que con lo que realmente decimos: dotamos asî de un poder mîstico y simbôlico a lo eludido, a lo aludido ocultândolo.
Las banderas son elipsis de algo que ya no hace falta enunciar, por archisabido e innecesario. A no ser que hagan referencia explîcita a hechos veraces que definan el concepto aludido. Ya nadie se pregunta por el significado simbôlico de las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo. £Fue realmente Wifredo el Velloso quien solicitô que su bandera fuese el dibujo de sus dedos mojados en su pecho moribundo sobre la arena amarilla del Mediterrâneo? Un héroe de leyenda, en cuyas heroicidades de tebeo la Corona de Aragôn fundô su carâcter mîtico. El pasado irrecuperable. La gloria perdida. El olvido. Pero, £de qué, de un hecho fundador cuya veracidad es indemostrable?
Alguien escribiô que la ûnica patria del Hombre es su infancia. Bonito. Jon Juaristi, en su explicaciôn del proceso formador de nacionalismos, utiliza un sîmil de psicologîa evolutiva. El adolescente siente que ha perdido algo, sin saber muy bien el qué. Sôlo cuando alcanza el estado adulto, su melancolîa -sentimiento de pérdida inefable- se convierte en luto, pues ya sabe en qué consiste esa pérdida: la ni&ez, la edad de oro del Hombre. Las banderas, como sîbolos, como elipsis de un contenido profundo, sôlo contribuyen a perpetuar en el individuo su estado melancôlico, de caôtica definiciôn personal. Es asî mâs facil manipularle, torearle con el trapo sangrante de la naciôn.
£Qué hemos perdido los aragoneses? Un imperio que se extendîa por el Mediterrâneo. Historia pasada. Las banderas al viento, £exigen el retorno de ese pasado? No creo. Tan sôlo expresan un orgullo herido, un orgullo identitario que hay que recuperar. Una identidad, £que significa qué? El abanderado no sabe muy bien lo que reivindica, por consiguiente, al enarbolar un sîmbolo vacîo de contenido. Sabe que ha perdido algo, pero no sabe el qué. De ahî que su presencia en los actos simbôlicos necesite ser visible y teatral: sôlo la insistencia lograrâ dotar de un contenido a tanto esfuerzo. Pero, £qué contenido?
El pasado domingo 21 hubo reivindicaciones a ambos lados del Somport. Se exigîa la reapertura del eje ferroviario Zaragoza-Canfranc-Pau. Un acto de la sociedad civil, que reivindicaba el progreso y el fin del aislamiento. Un acto coronado por la chusca presencia de abanderados del nacionalismo aragonés: recreadores del mito del capitân trueno baturro; creyentes en la fe de las barras sobre fondo gualdo; soldados de la identidad simbôlica. El sentimiento, la religiôn, el ejército. Dios, patria y rey. Del mito, nacionalista, forjador de identidades e uniformizador de criterios de comprensiôn de la existencia, £cuândo pasaremos al logos?
£Habrâ un dîa en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga "identidad"? Para entonces la segregaciôn del origen, la distinciôn de los apellidos, los emblemas de la bandera y de la lengua. Asî se construyen los nacionalismos. Personalmente, como individuo, persona y ciudadano, preferirîa que la canciôn nunca hablase de identidad. Y sî de libertad. Libertad para pasearme por mi paîs sin que ningûn forjador de identidad venga a fastidiarme la protesta, la queja o la fiesta. Libertad para vestirme con los colores que me dé la gana y expresarme con las palabras que quiera. Pues en este valle de lâgrimas, "todos somos extranjeros".

Abajo todas las banderas del mundo. El orgullo de sentirse un colectivo ha de venir del orgullo de sentirse un mero individuo. El resto, manipulaciôn.

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