De unos años a esta
parte, los sucesivos gobiernos de los EE.UU. han impulsado conflictos
bélicos en numerosas zonas del globo. Su constantemente
asumido papel de gendarmes del mundo y de defensores de la democracia
les ha permitido inmiscuirse en los asuntos internos de varios
estados. Los Balcanes, el Golfo Pérsico, Afganistán son
los penúltimos episodios de una guerra declarada a la
humanidad.
La última
declaración de intenciones concierne directamente a Irak,
¡otra vez! Con el pretexto del necesario derrocamiento de Sadam
Husein, los EE.UU. han sometido a la población iraquí a
un bloqueo cuyas consecuencia ha sido el aumento de la tasa de
mortalidad infantil hasta límites inimaginables para los
pobladores. Y héte ahora que anuncian una nueva intervención
militar con el pretexto de que el gobierno iraquí impide la
entrada de los observadores de la ONU -no lo olvidemos, oraganización
en la que EE.UU. tiene derecho de veto.
Me provoca sincera
repulsa interior tener que dar la razón a ese personaje de la
política austriaca, Jörg Haider, a su vuelta de la corte
de Husein. Creo que no seré el único en coincidir con
él en que esta nueva amenaza estadounidense tiene como
objetivo prirtario realimentar la industria armamentística.
Europa, un conjunto
de Estados que aspira a la consideración de superpotencia,
lejos de criticar otorga con su silencio. ¿Qué podemos
hacer nosotros, ciudadanos de esta región geográfica
unida en los valores de la soberanía popular, para combatir el
laissez faire
de nuestros dirigentes?
Puesto que nuestra
condición de ciudadanos se limita al voto periódico y
al consumo como forma de estar integrados en la sociedad de mercado,
deberíamos mostrar nuestro descontento por medio del boicot.
Boicot a todos los productos provenientes de ese Estado de dudoso
respeto a los derechos humanos. Eso incluye a todos aquellas
mercancías orgullosas de pertenecer al glorioso imperio
americano películas, refrescos, ropa... Deberíamos
contribuir a que la sociedad mundial criminalizara las conductas
imperialistas de Estados Unidos mediante esa simbólica toma de
posición. Tal vez así lográramos conmover la
voluntad de sus dirigentes en esas polémicas -pero aplaudida
mayoritariamente por sus votantes- decisiones militares.
Francisco
Domínguez González
No hay comentarios:
Publicar un comentario