miércoles, 25 de junio de 2014

27C. ELOGIO DEL PIE

"Eres más feo que pegarle a un padre con un calcetín sudado". Recuerdo la primera vez que oí tal despropósito: en los lavabos del colegio Juan XXIII.. La visualización de la escena se acompaña siempre del impacto ruidoso de una prenda interior en el espejo, con alevosía gamberra, por el rechazo a lavarnos las manos en el agua gélida de la escuela de soldados que era aquel centro. Jugábamos a lanzar con una goma, a los muslos minifalderos de las colegialas, tiras de papel comprimido y mojado, luego congelado por la intemperie del patio de recreo, recibido por las niñas con estrépito de añicos.
El mismo golpe que el que reciben las narices de aquel que entra en una habitación de deportistas en chill-out, descalzados y resollantes. "¡Aquí huele a humanidad que apesta!" Olor a pie y a calcetín hervido en sudor. Más que a humanidad, diríase que es a animal desbocado a lo que huele. Pero en pocas expresiones se vislumbra tan claro el rechazo de lo terrenal, de lo humano entendido como cuerpo carente de alma. Visión profana y pagana del hecho mismo de la vida. Profanación del concepto metafísico. Pulsión de muerte freudiana en el olor corporal: tan fuerte puede llegar a ser a veces la sensación de podredumbre que nos comunican algunos pies.
"Pies, ¿para qué os quiero?" Para el traslado a través de su puesta "en polvorosa". "These boots are made for walking", estas botas se hicieron para caminar, cantaría Nancy Sinatra. Sentido únicamente práctico y cinético del pie, pedestre, de a pie, como el ciudadano que todos llevamos a cuestas cuando las encuestas hablan de nosotros en los periódicos y telediarios.
Hay otros ciudadanos que contemplan el pie con actitud marginal. Los fetichistas de a pie de este mundo se desplazan en limusina a los centros de sexo donde puedan lamer y relamer, chupar y rechupar los dedos y la planta de los pies de una bella y lavada señorita. Vayan a ver los anuncios por palabras, sección contactos, de los periódicos de las grandes ciudades. Verdadero poemario de la soledad urbana, exacerbación de la búsqueda del placer. "Hombre maduro y pudiente desearía lamer y adorar pies de jóvenes diosas." La Vanguardia de Barcelona. Y como éste los hay a decenas, botellas lanzadas al mar inmenso.
Tal vez el amor empiece allí, donde termina el más alto concepto de humanidad: en los olores, en los rasgos de animalidad, feromonas que los hábitos higiénicos han hecho desaparecer. La locura del amor, el Amour Fou que los surrealistas quisieron convertir en base de la revolución que habría de cambiar al mundo, representada fielmente por Buñuel en "La Edad de Oro": la sumisión al amor como motor de la historia, la actriz besa los pies de la estatua en el jardín ante la inminente llegada del amante, a quien lame el muñón de los dedos.
Intento casar a Juan Bonilla con Manolo García: "Mi patria es el cuerpo de Patricia", dice el uno; "Mi patria en mis zapatos", canta el otro. Cuando un poeta de éxito se atreva a declamar "mi patria son tus zapatos, tus calcetines y tus medias", 'pegarle a un padre con un calcetín sudado' ya no será un feo, sino un acto tan poético como la petición del Marqués de Bradomín a Concha, en la Sonata de Otoño: latígame como a un nazareno con tus trenzas de ébano: el objeto de su amor.

Un poeta aseguraba que había que reinventar el amor. ¿Por dónde empezamos?     

No hay comentarios:

Publicar un comentario