miércoles, 25 de junio de 2014

25. FÚTBOL

La válvula de escape por excelencia de las sociedades del primer mundo mediterráneo ha vuelto a demostrar su excelente funcionamiento. El fútbol como aglutinador social y canalizador de frustraciones y anhelos.
La Copa de Europa se disputó en Francia para orgullo exclusivo de los espa&oles. Ganara quien ganase, quedaba demostrada la primacía de unos colores determinados sobre los de la Comunidad. ¡Viva Espa&a más que nunca! Huesca, a pesar de que pudiera pillarle de lejos una confrontación entre capitalinos y valencianos, no se mantuvo impávida ante la sacudida de los aficionados, de los hinchas de algo, juegue quien juegue. La ciudad vibró con los goles jaleados, y se juergueó con los cánticos de los ganadores hasta las tantas. Salvo los verdaderos hinchas del Valencia F.C., todos fuimos madridistas durante esa noche, aunque sólo fuera por presenciar la celebración de los victoriosos: las Cuatro Esquinas, metáfora de la urbs, estaba de jarana como en San Lorenzo.
Ningún rincón de Espa&a fue inmune a la avalancha futbolera. La Cibeles, metáfora de la urbs de la capital, se vio, la pobre, asolada por la marabunta de hormiguitas ávidas de celebración. Chapuzón, litrona, sexo droga y rocanrol, gritos del orgullo de ser, en este orden:
a) hincha del Madrid;
b) aficionado al fútbol;
c) residente en unos límites administrativos denominados a efectos de gestión como "Espa&a";
d) joven y entusiasta;
e) un tanto voceras y con ganas de bronca.
Y allí se desencadenó la kale borroka vacía de contenido, sin un fin determinado, que sólo necesitaba romper unas cuantas cabinas, quemar algún cochecito despistado, increpar a la policía (representante del orden impuesto por los mayores).
Pues bien, eso que duró la víspera, el día del partido y el día después, ese fenómeno, ha conseguido paliar más descontentos y frustraciones que toda la programación televisiva de un a&o. Por defender unos colores y un difuso sentimiento de hermandad, las masas se rebelan para escupir toda su rabia y su impotencia. Y después nada, como si todo no hubiera sido más que una borrachera, cuya resaca se cura con la alienación rutinaria.
Todos esos excitadísimos jóvenes, ¡a quién le chillaban?, ¿a quién se estaban quejando de su descontento? A nadie en particular. Pero necesitaban quejarse, aunque fuera un acto vano. Y allí entra el fútbol, a mi parecer, en la lógica del poder: mientras las masas logren encontrar temas sin importancia de que quejarse, en ellos gastarán todo ese exceso de frustración y de enfado. Y no protestarán de lo que es realmente importante: la precariedad del trabajo, la desigualdad social, la riqueza de unos pocos y la mediocridad de la mayor parte, de que Espa&a vaya bien gracias a trabajar más cobrando menos.
¿Quién nos ha robado el tiempo de las reivindicaciones sociales, de las manifestaciones políticas, de las luchas por los derechos? Quien no llora no mama. Mientras no nos quejemos nos van a dar más candela, e iremos a peor. El fútbol ha conseguido agruparnos a todos en una lucha que no es final, como rezaba "La Internacional", sino carente de finalidad y motivo. Guardémonos las fuerzas para lo verdaderamente importante, por favor, y que cuando gritemos no nos salga por la bocaza un grito de croma&ón, sino ideas como piedras.

Francisco Domínguez

25/05/2000

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