miércoles, 25 de junio de 2014

21. MÁS BANDERAS

El domingo pasado, día 21, fue fecha de reivindicaciones a ambos lados de la frontera del Somport. ¿Para cuándo la reapertura del eje ferroviario Zaragoza-Canfranc-Pau? ¿Cuánto tiempo llevan los partidos asistentes -incluidos los del equipo de gobierno- convocando a los ciudadanos, ahogando sus promesas en sucesivas y estériles convocatorias? Mucho. Varios años únicamente útiles para que los asistentes se desfoguen entonando consignas de libertad y de progreso.
Pues bien, ese día 21, la reivindicación se tiñó de rojo y amarillo. A lo largo de toda la jornada, varios asistentes blandieron, cual espada de Alejandro presta a deshacer el nudo gordiano de la identidad, banderas aragonesas. ¿Qué pintaban allí, a no ser que sirvieran para acentuar la carga sentimental de esas consignas y peticiones? ¿O acaso se trataba simplemente del despliegue de la artillería publicitaria de algunas fuerzas políticas de corte nacionalista? Entre estas, las más conspicuas eran las de la Chunta Aragonesista y las de Iniciativa Aragonesa, que acompañaron el recorrido de los allí reunidos entre sones de instrumentos tradicionales: acordeones, chicotenes y gaitas, recuperados del olvido así como las banderas yacentes entre el polvo de los cachivaches del cuarto trastero.
Por fin los aragoneses han sacado sus identidad a la calle y la muestran sin vergüenza alguna. Un hecho diferenciador absoluto: la bandera. ¿Aún habremos de buscar otros: el acento ascendente de la tierra llana? ¿U otros: cachirulos al viento? Ser aragonés, ¿consistirá en eso?
"Aragón ye nazión...", aseguran muchos. Y no lo pongo en duda. Sobre todo porque no necesito de símbolo alguno para aseverarlo. Como tampoco necesito exagerar mi acento para demostrármelo. Ni desempolvar mis conocimientos de gramática del aragonés para convencerme de que soy tan de esta tierra como los que emulan al irreductible pirenaico en su lucha contra la invasión cultural venida de Castilla.
Muchos hay que yo conozco que hayan desclavado el Guernica de la pared de su cuarto para colgar una bandera aragonesa. Atreviéndose a tildar de "fachas" a los que han decorado su madriguera con la bandera constitucional. De izquierdistas -antifranquistas-, muchos se han subido al carro del nacionalismo. Y, en este país, como rezaba el desafortunado eslogan electoral de un partido, nacionalismo podía escribirse con Z. Con Z de izquierda. Con Z de sozialista. Con Z de nazionalista. Con Z de nazionalsozialista. Paro el carro.
Cuarenta años de noche oscura del franquismo alimentaron España de símbolos para rato. Algunos se han negado a respetarlos en instituciones tan uniformizadoras como el ejército, donde obligan a los mozos a jurar fidelidad a un pedazo de trapo. Ahora, esos que se negaron, se presentan voluntarios a partirse el brazo haciendo ondear otro pedazo de tela. Y los soldados que fueron a regañadientes-o incluso objetores de conciencia-, sueñan ahora con formar un cuerpo que haga de ellos gudaris o segadors: los pilares de la nueva nación aragonesa.
"Aragón ye nazión..." ¿Habrá un día en que todos habremos de demostrar nuestro aragonesismo? ¿Llegaremos a la cuestión de los doce apellidos exigibles para mostrar la pureza de nuestro origen, como sigue el PNV; o claudicaremos ante la acusación de "inmigrante" que puedan verter sobre nosotros los aragoneses viejos? Cuando se establezca un gobierno de rígido corte nacionalista, ¿alguien advertirá, como los de CiU, de que nadie que tenga apellidos castellanos podrá llegar a puestos de relevancia en este país?
¿Habrá un día en que todos, al levantar la vista, veamos una tierra que ponga 'libertad'?

Francisco Domínguez

29/05/00

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